¿Conoces a alguien que tenga una autoestima más alta de lo normal? Quizás esa persona sufre de un problema mayor, llamado megalomanía. La megalomanía es un trastorno psicológico definido por fantasías y delirios de poder, grandeza y omnipotencia.

De esta forma, un megalómano tiene una autoestima desproporcionada y una fascinación exagerada por sí mismo. Teniendo como característica principal la creencia de ser superior a otras personas, el individuo puede tratar a su vecino con desprecio, por considerarlo inferior.

El megalómano no acepta ningún factor que considere una amenaza para su ego. Además de no responder positivamente a las críticas, existe el requisito de que todos también exalten los pensamientos e ideas que él mismo impone.

Además, en la megalomanía, el individuo se niega a creer que tiene sentimientos de miedo e inseguridad. Por tanto, suele acabar utilizando la agresión verbal y la imposición como mecanismo de defensa.

Sin embargo, a pesar de la alta confianza en sí mismos, cuando se los evalúa profundamente, los megalómanos parecen ser individuos necesitados con un complejo de inferioridad y sentimientos de vacío social.

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Síntomas

Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V), en algunos casos la megalomanía puede considerarse un síntoma incluido en el trastorno narcisista de la personalidad.

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Sin embargo, en este trastorno, los síntomas más comunes incluyen:

  • Cree que tu presencia es indispensable en cualquier lugar;
  • Idealízate;
  • Sentirse superior y poderoso;
  • Falta de interés en las opiniones de otras personas;
  • Ideas delirantes;
  • Cambios de humor repentinos;
  • Comportamiento agresivo.

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Tratamiento para la megalomanía

La megalomanía no tiene cura, pero existe un tratamiento para tratar el trastorno. Así, suele consistir en psicoterapia continua, donde el profesional trabajará sobre la conducta del paciente, demostrando que no es saludable tanto para él como para los demás.