El brigadeiro está prohibido, los carbohidratos engordan y la grasa es mala. No es hoy que vemos que declaraciones como estas aparecen cada vez más en el discurso de quienes buscan perder peso. Así, las dietas radicales y restringidas, en las que se cortan ciertos ingredientes o grupos enteros de macronutrientes, forman parte del llamado terrorismo nutricional – o terrorismo alimentario.

Aunque es popular, esta práctica puede provocar atracones, falta de nutrientes e incluso disfunción hormonal.

Por lo tanto, la base de la reeducación alimentaria es comprender que no existen “alimentos enemigos” que deban evitarse por completo. En verdad, el consejo es centrarse siempre en el equilibrio y saber equilibrar las cantidades. En otras palabras, el extremismo alimentario es reprensible y debe evitarse.

El terrorismo también puede conducir al diagnóstico de trastornos o trastornos alimentarios, en particular ortorexia nerviosa, descrito como el comportamiento obsesivo caracterizado por la fijación por la salud alimentaria. En otras palabras, la persona diagnosticada de ortorexia tiende a preocuparse demasiado por su dieta hasta el punto de evitar comer a menos que sea una comida “100% saludable”.

En general, una dieta equilibrada es aquella que proporciona al organismo los nutrientes necesarios para funcionar correctamente. Entonces, para obtener la nutrición adecuada, debe consumir la mayoría de sus calorías diarias en:

  • Fruta fresca;
  • Vegetales frescos;
  • Cereales integrales;
  • Legumbres;
  • Semillas oleaginosas;
  • Buenas grasas, como aceite de oliva y salmón;
  • Proteínas magras.

¿Por qué es importante una dieta equilibrada?

El equilibrio es importante porque los órganos y tejidos necesitan una nutrición adecuada para funcionar efectivamente. Por lo tanto, sin una buena nutrición, el cuerpo es más propenso a enfermedades, infecciones, fatiga y bajo rendimiento. Niños que están en riesgo de tener problemas de crecimiento y desarrollo y bajo rendimiento académico. Aún así, los malos hábitos alimenticios pueden persistir por el resto de sus vidas.

Por lo tanto, los crecientes niveles de obesidad y diabetes en todo el mundo son ejemplos de los efectos de una mala y falta de ejercicio. Además, las enfermedades cardíacas, el cáncer y los accidentes cerebrovasculares también están relacionados con la alimentación.

Lea también: Lipo LAD: La romantización de los plásticos y la salud mental